El segundo de los hijos de la pareja formada por el antioqueño Esteban Mejía del Castillo y la Barranquillera Espíritu de la Hoz Barros, nació el 9 de Marzo de 1.869 y lo llamaron Francisco Javier Mejía de la Hoz , estudió en el seminario de Barranquilla , y tuvo que abandonar sus estudios de sacerdote, debido a que la lavandera de éste centro educativo salió embarazada de él, este primer hijo que debió tener, no lo conoció nunca, ni el resto de la familia jamás supo de él. Ya en la vida civil aprendió el oficio de la carpintería como medio para vivir, y perfeccionó el arte de tocar el típle, destacándose como puntero. En el amor tuvo una vida desordenada, conociéndosele siete (7) mujeres con las que convivió con cada una de ellas de 4 a 5 años, y teniendo en cada unión de 3 a 5 hijos, en total fueron diecinueve (19) los hijos reconocidos, los que siempre estuvieron cerca de él, demostrándole un especial cariño y una singular admiración, de tal manera que los hermanos Mejía, fueron toda la vida una gran familia unida, se comentó a lo largo de su existencia y después de ella, que su gran aliado y cómplice en el éxito que tuvo al enamorar a las mujeres, fue el típle, el cual interpretaba magistral y alegremente, como también su vena poética la cual utilizaba para hacerle poesías a sus pretendientes lo mismo que aprovechaba su condición de compositor excelente, para ponerle música a estas poesías, y después ir a cantárselas en serenatas a sus admiradas, todos estos atributos que Dios le dio, los supo explotar y hacer con ellos, un arte para enamorar, lo que lo hizo casi irresistible en esa época, en que contaba tanto para las damas los buenos modales y el romanticismo.
Participó en la guerra de los 1.000 días por el partido conservador y ascendió en este ejército hasta el grado de Coronel.
Siempre creyó que su nombre era Francisco Javier hasta el día que se fue a casar, que sacó la partida de bautismo y se dio cuenta que su verdadero nombre era Francisco José, no obstante él siguió firmándose toda la vida Francisco Javier.
Valiéndose de su condición de carpintero fino, ensambló su típle en la siguiente forma: cogió el diapasón de un típle y lo integró a la caja de resonancia de una guitarra española profesional, dando por resultado un instrumento con un sonido especial y muy sonoro, de tal manera que su punteo alegre y armonioso acompañado del sonido de este magistral instrumento, hicieron una pareja sin igual, todas estas cosas contribuyeron a su gran éxito como músico. Su primera agrupación musical la formó con Luís Epalza, dúo en el que hacía de típle puntero y Epalza de guitarra marcante bajo, se puede decir que era el mejor dúo de cuerdas que existía en la ciudad de Barranquilla. Después de algunos años formó el conjunto Remembranza, cuando su hijo el anterior al penúltimo ya tenía unos 14 años, Rafael Mejía Romaní, al que incluyó en dicho conjunto y quien años mas tarde se convertiría en el compositor mas armonioso, versátil y poético de música popular, que diera éste pedazo del Edén perdido como lo es mi Barranquilla, dicho conjunto quedó integrado de la siguiente manera: Francisco Mejía de la Hoz , típle puntero, Luís Epalza Guitarra marcante bajo, Rafael Mejía Romaní, típle acompañante y Luís samudio, como guitarra acompañante.
Barranquilla era pequeña y el Ñato Mejía como le decían, gozó de gran fama y simpatía en la ciudad, por la forma armoniosa y alegre como interpretaba el típle, como también por lo bello de sus composiciones y lo simpática y jocosa de su charla, por todos estos motivo siempre fue visitado en su humilde casa del barrio Boston , en la Calle Cúcuta (64), entre las carreras Líbano (45) y cuartel (44), Nº 44-73, por personalidades de Barranquilla, unos amigos, algunos compañeros de estudios, y otros atraídos por su música y su charla amena, con el que hacían tertulias para conversar y oírlo interpretar sus bellas canciones: bambucos y pasillos en su mayoría, o música Colombiana como se le decía en ese tiempo a la música del interior de la república, que era la que mandaba la parada en todo el país, Francisco Mejía de la Hoz fue un compositor brillante, un interprete fabuloso, poeta y compositor repentista, cuando la ocasión lo ameritaba, desafortunadamente su repertorio desapareció en el incendio que tuvo lugar en Emisoras Unidas, la cual estaba ubicada en la esquina de la Carrera 41B con la calle 34 o sea Paseo de Bolívar, el 9 de Abril de 1.948 dado que su hijo el compositor Rafael David Mejía Romaní, a insistencia de Don Rafael Roncallo villar, le prestara en días anteriores del mismo año la agenda de su padre, ya fallecido, en la cual estaba consignada, todas las canciones y poesías del Maestro Francisco Javier Mejía, sólo existe un soneto que reposa en mi poder, que el Maestro Mejía tituló “MI CREENCIA”, recogido por vía oral de su hijo Ricardo Mejía Romaní a este servidor, y que lo publico al final de estas columnas.
En la casa del Maestro Francisco Mejía con frecuencia se reunían, en las horas de la tarde, entre otros: Don José Víctor Dugan, Rafael Roncallo Villar, (compositor guitarrista), Catalino Macías, Juan Antonio Ruiz Altamar (tiplista), Osvaldo Consuegra, Chichí Consuegra, estos dos últimos, hermanos, Joaquín Demoya y Federico Cardozo. Juan Antonio Ruiz Altamar mas tarde contrajo matrimonio con una de las hijas mayores del Maestro Mejía, Juana Bautista Mejía Sánchez, con quien convivió 52 años de continua y feliz unión, mis padres (Q. E. P. D.), estas reuniones vespertinas, no solo se hacían para cantar y charlar, sino también para jugar dama y ludo.
Una vez Don José víctor Dugan y Rafael Roncallo Villar, llevaron a la casa del Maestro Mejía, al Dr. Alberto Lleras Camargo, (presidente de Colombia, en dos períodos diferentes y secretario de la OEA, primer Colombiano en ocupar este cargo), el cual departió alegremente en la tertulia con la charla y la música del Maestro Mejía. Cuentan que una madrugada cualquiera, llegó el Dr. Alberto Lleras Camargo con algunas copas en su haber, a la casa del maestro Mejía en el Barrio Boston, conociendo él que la familia Mejía por tradición siempre habían sido conservadores, por lo tanto, el Maestro Mejía también lo era, le dio una patada tan fuerte a la puerta del frente, que la abrió de par en par, entró a la casa y con esa voz grave y de tono alto que poseía el Dr. Lleras Camargo gritó jocosamente, “Maestro Mejía no te quemo la casa porque Rafa es liberal”, eran los tiempos de los chulavitas, cuando los liberales a conservadores y los conservadores a liberales, se quemaban las casas.
En Colombia no existían las emisoras de Radio y en Barranquilla se inauguró el día 8 de Diciembre de 1.929, la primera emisora de radio en Colombia, de propiedad de Don Elías Pélet Buitrago, y llevó por nombre, HKD la Voz de Barranquilla, dicha inauguración duró media hora dado que la emisora estaba todavía en período de prueba y solo permanecía tiempos cortos en el aire, mientras le hacían los ajustes necesarios, este día de la inauguración únicamente intervino la orquesta del Maestro Emirto De Lima y el locutor fue Sansón Vellojin, años mas tardes fue locutora de esta emisora Emma Rebollo samper, pues en 1.929 solo contaba con 9 años, según Don Alfredo De La Espriella. Para el día 9 de Diciembre del mismo año, o sea un día después de la inauguración de dicha emisora, fue contratado el dúo Mejía y Epalza, formado por Francisco Javier Mejía de la Hoz y Luís Epalza, lo mismo que a Sarita Herrera. La primera canción que se escuchó ese 9 de Diciembre de 1.929 a través de la radio, HKD la Voz de Barranquilla, y por lo tanto en la radio en Colombia, fue el bambuco de la autoría del Maestro Mejía, “Ausencia”, que comenzaba así: “Si piensas que por tu ausencia……”, interpretado por el dúo, Mejía y Epalza. De manera que con este relato podemos afirmar con toda certeza, que el primer artista que se presentó y cantó en radio en Colombia fue el Maestro Francisco Javier Mejía de la Hoz, con su acompañante Luís Epalza, no sabemos porque inexplicablemente Don Alfredo de la Espriella lo ha ignorado en sus relatos y escritos, como también en el Museo Romántico.
El Maestro Francisco Javier Mejía murió a causa de un ataque de diabetes, a la edad de 76 años en la madrugada del día 4 de Noviembre del año de 1.945 en su casa de entonces del barrio Olaya en la calle 72 No 30-22.
“MI CREENCIA”
En un mar que en su movible seno
la aterradora tempestad azota,
audaz se lanza la infeliz gaviota
bajo la triste palidez del cielo,
sigue altiva sin cesar su vuelo,
sobre la augusta soledad del mar
tras la dicha que pretende hallar,
mas no la alcanza y sin recelo
rendida entonces maldijo su destino
y precipitose al profundo mar,
esa es la vida y nos parece bella,
y nos lanzamos tras la dicha incierta,
mas no la hallamos y rendidos
vamos a la tumba yerta.
Autor: Francisco Javier Mejía de la Hoz
Ing. Adolfo Ruiz Mejía
“MI CREENCIA”
En un mar que en su movible seno
la aterradora tempestad azota,
audaz se lanza la infeliz gaviota
bajo la triste palidez del cielo,
sigue altiva sin cesar su vuelo,
sobre la augusta soledad del mar
tras la dicha que pretende hallar,
mas no la alcanza y sin recelo
rendida entonces maldijo su destino
y precipitose al profundo mar,
esa es la vida y nos parece bella,
y nos lanzamos tras la dicha incierta,
mas no la hallamos y rendidos
vamos a la tumba yerta.
Autor: Francisco Javier Mejía de la Hoz
Ing. Adolfo Ruiz Mejía
adolrume@gmail.com

No hay comentarios:
Publicar un comentario